EXPEDICIÓN ASFÁLTICA

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USERA BAJO LA LUNA DE SANGRE

Sergio C. Fanjul

 

La noche del eclipse de Luna crucé el Manzanares y llegué a Usera. Usera, tan lejos, tan cerca: basta cruzar un puente para llegar, pero aquí la esperanza de vida es varios años más baja que en los distritos del centro. La esperanza de cada día ya la pone el nuevo centro comercial, con tienda de Armani, gran panoplia de franquicias de restauración recauchutada y los pasillos tan brillantes y lujosos que dan ganas de pasar la lengua por el suelo durante todo el horario de apertura. Es curioso: nada más salir, en la calle Antonio López, se encuentran algunos de los mejores menús del día de España. Y el bar del chino facha.

Cuando vengo a Usera me acuerdo de Dako, el perdiguero-bodeguero-andaluz que me enseñó a ver a los perretes de otra manera. Vinimos a vivir unas semanas a esas casitas encantadoras de la Colonia Moscardó para cuidar de Dako y tan heroico y praxiteliano era Dako, el Rey del Barrio, que él me sacaba a pasear a mí mientras yo le susurraba endecasílabos y hacía mis necesidades. Al acercarme a su antigua casa volví a ver a los ancianos que en aquel murete tomaban el fresco cada tarde y a cuyos perros blandengues Dako siempre intimidaba, y también volví a ver las decadentes columnas prerrafaelitas de la plaza, por las que trepa la enredadera, allí donde se emborrachan los desempleados.

Dako me enseñó a admirar a los perros y a romperme la crisma contra el enigma cósmico que representan. Ahora, cuando estoy triste, bajo al parque a observarlos como un pervertido. Pero Dako ya no vive en Usera: cuando regresó su legítima humana se mudaron a Canarias. La noche que nos despedimos Dako se quedó muy callado debajo de la mesa de la terraza mirándonos raro: le dimos una última galletita con forma de hueso, cayó una tormenta melodramática y en el taxi de vuelta nos temblaba la voz.

Usera sigue en su sitio, o no tanto: una vez me dijo un vecino que Usera no existe en el imaginario local, porque es un conglomerado de barrios creado administrativamente, así que la gente no se siente de Usera, sino que se siente de San Fermín, de Zofío, de Orcasitas, etc. Así son los sentimientos. 

En Orcasitas encontraron un elefante que había vivido aquí en Pleistoceno Medio y que no se sabe de dónde se sentía; ahora vive en el Museo de San Isidro. Cientos de miles de años más tarde, a mediados del siglo XX, llegaron a vivir los trabajadores del sur de España atraídos por la incipiente industria desarrollista y montaron aquí sus chabolas: las precarias viviendas las construían por la noche para que las autoridades no abortaran la misión, la gente moría porque las ambulancias no llegaban a su destino, encalladas en el ubicuo barrizal. Un potente movimiento vecinal consiguió que les construyeran un barrio como Dios manda, con asfalto, con agua y con luz, para dejar de vivir en el medievo. Consiguieron, además, que el barrio se diseñara de forma participativa, y eso fue hace décadas.

Al pasear por Usera se hace patente su famoso mix cultural: el ritmo latino se mezcla con los aires del lejano oriente, en el Chinatown madrileño hay dragones y medusas y patas de pollo y farolillos rojos que asoman a los sempiternos edificios de ladrillo visto de los que está hecho el sur de Madrid. En la esquina de la calle del Olvido una gitana vende cerezas relucientes y, al atardecer, los trabajadores se aprietan buenos licores en las barras metálicas de los grasabares: la tragaperras proyecta su alegre cántico. Últimamente las masas centralinas vienen cada febrero a celebrar este exotismo cañí durante el Año Nuevo Chino. Este es el Año del Perro (como Dako) que, según la tradición, es bueno para hacer amigos y para cooperar en armonía.

Usera es múltiple, dispersa, multicultural, un puzle urbano bajo un título muy feo, el de la familia que nombra las calles: Marcelo Usera, Amparo Usera, Nicolás Usera, Isabelita Usera. Los Usera tenían su barrio como Donald Trump tiene su Trump Tower. Sucedió que el militar Marcelo Usera, admirador de la Legión y de Millán Astray, se casó muy bien, en 1904, con la hija de un terrateniente llamado El Tío Sordillo. Usera heredó y decidió parcelar sus tierras de labranza y venderlas para edificar, logrando de esta manera la mejor rentabilidad. Así nació este barrio y así nació su callejero.

Según camino hacia el parque de Pradolongo voy notando bajo mis pies cómo la Tierra se coloca entre el Sol y la Luna, cómo se acerca, lentamente, el eclipse. En el parque miles de festivos madrileños esperan no se sabe si al evento astronómico o a que empiece a pinchar Pional. No debe retrasarse: una vez vino a tocar Lou Reed a Usera y, como no acababa de salir al escenario, se montó una buena algarada y le robaron la guitarra. Pero nadie roba los platos a Pional, porque Pional sale a pinchar, y la peña se disloca y se desmelena, y la luna se enrojece a 130 beats por minuto y se refleja en la tremolina superficie del lago. Ahora, bajo el influjo de la luna de sangre, nos volveremos todos zombis y sembraremos el caos en el sur de Madrid.

27 de julio de 2018. 21:30h.

Eclipse Total con Pional

Parque de Pradolongo – Lago.  Distrito Usera

 

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